Jed Martin, artista parisino, inicia su carrera fotografiando con precisión objetos industriales -tornillos y tuercas-, pero salta a la gloria con una serie de planos Michelín, en composiciones donde superpone fotos de los mapas con segmentos de la campiña francesa que éstos representan. La exhibición se llama: El mapa es más interesante que el territorio, de allí el título de la última obra de Michel Houellebecq (2010). Acreedora del Prix Goncourt, reafirma su fama de enfant terrible de las letras francesas.
En una segunda etapa creativa, el protagonista, Jed Martin, se vuelca a la pintura y retrata personajes reales en cuadros como Bill Gates y Steve Jobs conversando sobre el futuro de la informática, cuya cotización alcanza cifras millonarias. Para la muestra consagratoria necesita de alguien que escriba el catálogo, y se le ocurre un novelista que admira: Michel Houellebecq, a quien eventualmente contrata.
El homónimo del autor es un escritor poco fiable, de rasgos misantrópicos, irreverente, que sufre de adicción al alcohol, embutidos y demás substancias; padece micosis en los pies y, al mediar el relato, es el epicentro de un crimen brutal.
Así como Jed Martin cambia de intereses artísticos, la narración muta genéricamente: de una novela que se emparienta con la de aprendizaje o formación del artista (Künstlerroman), adquiere tintes macabros de policial y de novela negra. Lúdicamente nos replantea lo que consideramos "punto de vista", desde la inclusión del escritor como dudoso alter ego del autor, hasta proponer una imposibilidad: Jed Martin, en el ocaso de su vida, busca reflejar el punto de vista que la naturaleza tiene de lo humano.
La dicotomía entre referente y representación, sugerida en el título, es un tema medular. Está en las cavilaciones sobre arte, fotografía y pintura ("y creo que yo he roto un poco con el mundo como narración? Ya solo me intereso por el mundo como yuxtaposición: el de la poesía, el de la pintura."), y está, también, en el entramado narrativo, donde el velo entre ficción y realidad se descorre sin cortesía. Se leen con avidez los saltos temporales y las reflexiones sobre aspectos del presente: el mercado del arte, la fabricación de autos, la "inteligencia" de los cerdos, la descomposición de la carne humana, prótesis, etc. Ninguna percepción queda fuera del ojo analítico del protagonista, donde se intuye la posición crítica del autor, de un autor genial e insoslayable.
© LA GACETA
En una segunda etapa creativa, el protagonista, Jed Martin, se vuelca a la pintura y retrata personajes reales en cuadros como Bill Gates y Steve Jobs conversando sobre el futuro de la informática, cuya cotización alcanza cifras millonarias. Para la muestra consagratoria necesita de alguien que escriba el catálogo, y se le ocurre un novelista que admira: Michel Houellebecq, a quien eventualmente contrata.
El homónimo del autor es un escritor poco fiable, de rasgos misantrópicos, irreverente, que sufre de adicción al alcohol, embutidos y demás substancias; padece micosis en los pies y, al mediar el relato, es el epicentro de un crimen brutal.
Así como Jed Martin cambia de intereses artísticos, la narración muta genéricamente: de una novela que se emparienta con la de aprendizaje o formación del artista (Künstlerroman), adquiere tintes macabros de policial y de novela negra. Lúdicamente nos replantea lo que consideramos "punto de vista", desde la inclusión del escritor como dudoso alter ego del autor, hasta proponer una imposibilidad: Jed Martin, en el ocaso de su vida, busca reflejar el punto de vista que la naturaleza tiene de lo humano.
La dicotomía entre referente y representación, sugerida en el título, es un tema medular. Está en las cavilaciones sobre arte, fotografía y pintura ("y creo que yo he roto un poco con el mundo como narración? Ya solo me intereso por el mundo como yuxtaposición: el de la poesía, el de la pintura."), y está, también, en el entramado narrativo, donde el velo entre ficción y realidad se descorre sin cortesía. Se leen con avidez los saltos temporales y las reflexiones sobre aspectos del presente: el mercado del arte, la fabricación de autos, la "inteligencia" de los cerdos, la descomposición de la carne humana, prótesis, etc. Ninguna percepción queda fuera del ojo analítico del protagonista, donde se intuye la posición crítica del autor, de un autor genial e insoslayable.
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